lunes, 24 de octubre de 2011

EQUOprograma. Trascendencia, instrumentalidad y ciencia

Como sabéis, venimos explicando desde atrás que la llamada crisis económica, es ante todo una crisis ecológica. Es decir, una crisis de límites. En palabras del filósofo Gómez Pin, la historia de la humanidad es la historia de la huida de la naturaleza. Ahora, tras un siglo de tanto correr, hemos visto el muro sobre el que chocan los sueños del crecimiento infinito.

Como en una pesadilla, el último siglo de velocidad tecnológica nos ha llevado a ver el abismo. Y esto no es un alegato contra la técnica, que la considero en sí misma virtuosa. Es contra la ignorancia del segundo principio de la termodinámica y a favor del principio de precaución.

Por cierto, principio, éste último, introducido en el Estatuto de Autonomía de Andalucía fruto de la negociación de LVA con el grupo parlamentario socialista. En el título VII Medio Ambiente, art. 199 Desarrollo tecnológico y biotecnológico. Una novedad sin precedentes en una norma de carácter constituyente.

En los últimos 20 años, la manera que han tenido los mercados financieros de seguir computando beneficios ha sido la desconexión progresiva de la economía real. Los precios de las materias primas, el petróleo a la vanguardia, la demanda de productos de consumo eran límites que bloqueaban la necesidad del capitalismo de crecer indefinidamente. A su vez, esta desconexión requería poner límites a la democracia y dominar a los gobiernos de turno con la amenaza de limitar su capacidad financiera en los mercados internacionales.

La implicación de todo el barullo de retrocesos democráticos y de derechos sociales que están ocurriendo en el llamado primer mundo es única, se llama coerción, se llama limitación de libertades individuales y colectivas. La spanish revolution, democracia Real Ya y el 15M, no tienen traducción política. No la tendrán, porque su movimiento revolucionario no está conformado por una ideología, ni tiene como horizonte una utopía. Tienen algo mucho más importante, la acción política clásica para correr el velo de la estulticia colectiva, indagar y desvelar los secretos que se esconden tras la dominación capitalista de nuestros cuerpos sociales.

Han puesto en el centro la regeneración de la democracia (“Lo llaman democracia y no lo es”) y seleccionan luchas de marcado carácter simbólico (contra los desahucios y por la dación en pago). Sin embargo, en las manifestaciones, salvo cartelitos excepcionales (“la revolución será ecológica o no será”), la ecología política sigue ocupando un lugar en el margen.

Esto no es una crítica, un movimiento social solo puede articularse sobre los problemas visiblemente inmediatos no difusos. Por eso es la hora de la política organizada, por eso “Es el momento...”.

El programa electoral de EQUO afronta las tres claves descritas: Democracia y derechos humanos, Economía y sociedad y Sostenibilidad ambiental.

La primera es trascendente, sin democracia es imposible la igualdad, es imposible acometer las reformas económicas y fiscales que necesitamos. De ahí su texto introductorio: “EQUO apuesta por la apertura de un proceso con participación ciudadana para la reforma de la Constitución Española que defina un nuevo modelo territorial de Estado, garantice un sistema electoral efectivamente proporcional, establezca los cauces para una democracia más participativa y afronte las reformas necesarias que garanticen el mejor funcionamiento de la justicia y sus órganos de gobierno. En este debate EQUO aboga por un estado federal, laico y republicano, por un sistema electoral altamente proporcional por un marco legislativo que garantice una efectiva participación ciudadana así como reformas para la mejora del funcionamiento de la Justicia.”

La segunda es instrumental, he aquí un extracto de las motivaciones: “El cambio de modelo productivo es mucho más que un cambio sectorial de las actividades que ofrecen las empresas, supone una forma diferente de producir y consumir. El objetivo final del cambio es lograr una economía sostenible y socialmente avanzada a través de un incremento del valor añadido de las empresas que se traduzca en un reparto más equitativo de la riqueza generada, entre beneficios y remuneración de asalariados, disminuyendo también las crecientes desigualdades entre la remuneración de los directivos y de los trabajadores... Para hacerlo posible, propondremos una reforma del sistema financiero, diversificándolo y creando una banca pública al servicio de la sociedad y de la actividad económica, una reforma fiscal que reajuste su lógica para servir a los objetivos fijados y una reforma que haga las empresas generen riqueza colectiva e introduzca la democracia industrial.”

Y por último la condición científica. Todo lo anterior será posible sí, y solo sí, se tiene en cuenta la sostenibilidad ambiental: “Luchar contra el cambio climático, reducir el impacto de nuestros residuos, paliar la pérdida de biodiversidad, recuperar la vida agraria, mantener e incrementar los espacios naturales y los valores económicos y paisajísticos de nuestro territorio, promover unas ciudades más habitables y saludables, hacer un uso eficiente de nuestras aguas, y avanzar hacia una nueva ética de la vida y el respeto por los animales, son necesidades sociales imperiosas para mantener la única condición de posibilidad que tiene la humanidad, el medio ambiente para nuestra generación y las generaciones futuras.