viernes, 20 de diciembre de 2013

Alien


alien
Decía Borges que la censura y la dificultad son la madre de la metáfora. Comenzaremos a ensayarla, no vaya a ser que con tanto recorte de libertades civiles tengamos que acabar recurriendo a ella. La metáfora es trabajo artesano, los y las poetas lo saben. Requiere pericia, una categoría que otorga la experiencia. Durante la dictadura franquista chistes, chascarrillos, letrillas, viñetas y poetas, consiguieron obras egregias, y, desde luego, cineastas como Berlanga. Mi pericia es pobre y mi experiencia escasa. Sólo es voluntad, por eso practico.

Muerto el dictador en su cama conectado al instrumental más moderno, la presión de la calle se hizo manifiesta e intensa. Hubo resistencia, pasión y muerte por la democracia, por la libertad. El dolor acumulado exhalaba estertores de alivio.
A duras penas la nave de partida de la democracia ponía a punto sus circuitos, sus válvulas de auxilio y cargaba combustible a fuerza de emociones. Un grito de libertad largamente contenido estalló en las calles, en las fábricas, en las oficinas, en las cafeterías, en las mesas camilla.
Sables y sotanas velaban armas. Las intentonas amenazaban, algunas actuaron a cara descubierta.
Quién nos iba a decir que mientras todo eso ocurría, mientras la nave democrática despegaba o no, en los edificios grises del régimen, reducidos grupos de patriotas (en España ya se sabe lo que esta palabra significa) aplicaban ingeniería genética para desarrollar un arma biológica contra la democracia. El dictador, había sido más listo, sabía que sus albaceas darían con él en el momento oportuno. Su legado. Sus últimas palabras fueron “lo dejo todo atado y bien atado”.
Logrado lo evidente, y ya la nave con los motores en marcha, nadie, o casi nadie, propuso una última esterilización del centro de pilotaje. Era normal. Siglos de pruebas manifiestas de que el germen de la españolidad era resistente a los más avanzados tratamientos hicieron entonar un mayoritario “y ya que más da”. Ocurrió el arranque, no sin sobresaltos. Hubo aterrizajes preventivos, en la Unión Europea, en la OTAN, expos y olimpiadas.
La nave iba con su octavo pasajero a bordo. Dormitábamos mientras cierto reparto era posible. La tarjeta funcionaba y abría puertas de aviones e hipermercados, de vistas al mar y a campos verdes de golf. El Alien nunca dejó de vigilar los movimientos del pasaje. Sólo tenía que esperar el momento de máximo éxtasis, el de la fiebre del oro. El momento más despierto y delirante.
Alien no es que no tuviera antes vida propia, no, la tenía, pero era demasiado contenida para sus aspiraciones. Necesitaba crecer, reproducirse, hacerse manifiesto. Tomar el poder central, el centro de operaciones. Acometer una nueva caída de Madrid.
Con notable éxito, los primeros vástagos fueron implantados en el partido hegemónico de la izquierda para que los pariera. Pronto, mimetizados, fueron más útiles que los vástagos auténticos.
La toma de Madrid era esencial para inducir el modelo de las corruptelas del poder económico sustentado sobre la letra del BOE. Hubo momentos álgidos. Incluso hubo un Alien que llegó a hablar catalán en la intimidad, o que armonizó su discurso con la lucha de liberación del pueblo vasco. En las zonas más cálidas y septentrionales prefirió otros modelo adaptativos. Formas que en realidad no había despreciado en ningún sitio.
El modelo Alien tuvo vástagos de su propia sangre muy aventajados, el más vibrante lo tuvo en Madrid. Allí pergeñó una operación a la que luego denominaron Tamayazo. Utilizó la táctica de la madre de alquiler. Esto ocurrió cuando ya la existencia del Alien, de los Alien, era visible y, en realidad, no importaba a nadie. La nave iba a velocidad sideral. En el Paìs Valencià, en les Illes Balears, en Galicia, Alien se hizo con el control de todos los habitáculos, vestía italiano, viajaba en yates y ostentaba a lo grande en plazas de toros. Tuvo sus réplicas, e incluso imitadores, de mayor y menor fortuna, en Marbella, en Cataluña, en Andalucía y en un compendio de diputaciones, municipios y comunidades autónomas.
El cáncer cañí, español, devoto de Frascuelo y de María, ha entrado en metástasis. Ya no se soporta ni a sí mismo, el cuerpo institucional que lo contiene ha perdido credibilidad. Los escándalos saltan uno tras otro acelerados por la memoria de la comunicación digital. Para mantener el rumbo, las fiscalías Alien, actúan como abogados defensores del guante blanco. Galenos del viejo régimen parchean. Tal vez haya nuevos patriotas que estén buscando nuevas formas de vida Alien. Tal vez no.
Si conseguimos montar una nueva nave democrática, la semilla del octavo pasajero debería quedar extirpada para siempre. Hará falta mucha cirugía. Está muy difícil porque hay gente que se está yendo de la nave infectada, sobre todo la de menor edad.