martes, 7 de agosto de 2018

Apunte para una idea ecologista del concepto pueblo


Desvincular democracia de territorio es justo los que busca el neoliberalismo para liquidar el Estado social. Bien con las armas de guerra, bien con las armas económicas. Así, el neoliberalismo sería un estadio del capitalismo avanzado que tras desvincular la economía de la naturaleza creciendo contra sus límites pretende desvincularse también de cualquier límite democrático.

La globalización es pura libertad de capitales. Libre circulación de mercancías y capital en propiedad de un puñado de transnacionales, y reclusión dentro de muros y fronteras de las poblaciones mediante el fortalecimiento del Estado policial.

De este modo, las consecuencias directas del neoliberalismo son las demandas democráticas de soberanía por un lado, y el repliegue fronterizo fascista por el otro. Esta es la polarización de los tiempos que ya están aquí. Así, la forma más radical de defender la democracia en la actualidad es la de construir vínculos de proximidad entre entidades político/culturales autoreconocidas y reconocibles, ya municipales, ya comarcales, ya nacionales/regionales con Estado o sin Estado.

Quienes arguyen contra las demandas de soberanía de los pueblos y ciudades que no quieren más fronteras dicen la verdad, no quieren fronteras para la fuerza bélica del capital, pero las adoran, como se está demostrando estos días para liquidar la democracia. Ese es el sentido del discurso fascistoide de Ribera & Casado cuando hablan de reforzar y proteger las fronteras externas. Son iguales que Trump, que el sionismo del estado israelí o que Salvini. Nos quieren recluidos y desvinculados, nos quieren en la dialéctica dentro/fuera en lugar de en la dialéctica fascismo/democracia.

La noción de la ecología más próxima a la noción pueblo que se me ocurre es la de ecosistema. Así un pueblo político/cultural no sería un conjunto mayor o menor de personas que han nacido o viven en un lugar y comparten costumbre y cultura (con lengua o sin lengua propia), sino, al igual que un ecosistema, un conjunto de relaciones que lo autosustentan y que permiten los intercambios de materia, energía y (en el caso de pueblo) cultura con el medio ambiente externo.

De este modo podríamos concebir la noción de pueblo no como la de algo que se sostiene sobre fronteras, sino, como en la naturaleza, la que se sostiene sobre vínculos de supervivencia, de solidaridad. Por tanto, la soberanía no habría de construirse sobre reforzamiento alguno de fronteras, sino sobre el afianzamiento de los vínculos teniendo en cuenta los límites biofísicos (en la naturaleza solo biofísicos o, si se quiere, quimicofísicos) y las imposiciones de equidad de la justicia democrática.